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4 nov. 2012

NIÑOS RAROS de Raúl Vacas, ilustrado por Tomás HIjo










Este libro contiene la mayor concentración de niños raros por página: Niño alga, Niña búho, Niña cacto, Niño díscolo, Niña de espuma, Niño frío, Niña de humo, Niño inverso, Niña jirafa, Niño koala, Niña con forma de laberinto, Niña maleta, Niño sin niño, Niño con rabo de eñe, Niño pingüino, Niño queso, Niña sombra, Niño tren, Niña urgente, Niña de alto vuelo, Niña yunque con su martillo y Niño zancudo.
 
El autor nos los presenta uno a uno, con todas sus peculiaridades y lo hace de una manera muy poética. Jugando con las palabras, compone un Tautograma, Versos de cabo roto, un Ovillejo, juega con las palabras esdrújulas, escribe un romance, rima con números, se atreve con un rap, rememora la cuaderna vía, apunta una canción, nos enseña cómo es un Limerick, nos desafía con un trabalenguas y despliega un sin fin de recursos poéticos que harán la delicia de grandes y pequeños, sean aficionados a la poesía o no. Las ilustraciones que acompañan los versos recrean el mundo mágico y extravagante que compone el autor (sinopsis de la EDITORIAL).

27 oct. 2012

NONSENSE BOOKS de Edward Lear





Estas obras, ilustradas con viñetas y publicadas por entregas, estaban destinadas inicialmente a servir de entretenimiento a los nietos menores del conde de Derby, quienes pudieron disfrutar en primicia de A book of nonsense (El libro de los "nonsense", 1846), cuya fama propició una reedición aumentada al cabo de quince años (1861-1863). Inspirado por el aluvión de reconocimientos que recibió por la creación de estas divertidísimas composiciones para niños, Edward Lear dio nuevas muestras de su capacidad verbal y su ingenio humorístico en A book of nonsense and more nonsense (Un libro de "nonsense" y otro más, 1962), al que después siguieron otras dos obras de idéntica naturaleza: More nonsense, pictures, rhymes, botany, etc. (Más "nonsense", dibujos, canciones, botánica, etc, 1872) y Laughable lyrics: a frehs book of nonsense (Líricas bufas: un nuevo libro de "nonsense", 1877). En estos volúmenes poéticos -algunos de ellos traducidos al castellano bajo los títulos de El ómnibus sin sentido (1846), Disparatario (1871) y Letras divertidas para canciones divertidas (1877), Lear dejó impresas ciertas cancioncillas que, como "El búho y el gato", han pasado al acervo de la literatura clásica infantil.




Para crear sus "nonsense", el poeta de Highgate recurrió al modelo del limerick, un molde estrófico rimado, muy breve, propio de la poesía inglesa del siglo XVIII, cuy esquema métrico es el siguiente: aabba. Lear, tomando por otro lado algunos temas, motivos y personajes de las nursery rhymes tradicionales, incorporó al limerick una cadencia rítmica más moderna y, sobre todo, unos contenidos absurdos y disparatados que se escapaban a cualquier formulación del discurso lógico habitual. El procedimiento más utilizado por el original poeta consistía en lograr que la reaparición final de la rima del último verso y las palabras iniciales del primero pusieran de manifiesto el retrato caricaturesco y grotesco de unos personajes ridículos o patéticos, cuyas extravagancias sólo podían encuadrarse en un mundo absurdo, enloquecido y, en no pocas ocasiones, no tan inocente como el universo tradicional de la literatura infantil. También se sirvió con frecuencia del ripio sin sentido, el gusto por la paradoja y la ironía, la complacencia en el artificio puramente verbal y, en general, la incorporación de un moderado tono melancólico que, sumado a la agilidad rítmica, dotaba a sus composiciones de una riqueza y complejidad que tampoco eran frecuentes en la lírica infantil tradicional. (FUENTE)


Textos de los cuatro libros de “nonsense” del Proyecto Gutenberg con sus ilustraciones
"El búho y la gatita" de Editorial Juventud
Una curiosidad

3 ago. 2012

MI MADRE ES RARA de Rachna Gilmore, ilustrado por Brenda Jones


Mi madre es tan rara a veces... Algunas mañanas, cuando se despierta, aparece con cuernos en la cabeza, uñas afiladas y dientes largos y puntiagudos. En vez de hablar, gruñe...

Pero despues de tomarse su cafecito de la mañana, los cuernos desaparecen y los dientes y las uñas vuelven a ser de tamaño normal. Mamá habla con voz muy dulce...


La madre de María siempre es muy amable. Nunca grita. Habla con voz muy dulce y huele muy bien.
Toqúe el timbre y María me abrió la puerta.
¡Hola!-le dije–. ¿Puedo quedarme a jugar contigo?
– Claro que sí. Entra –dijo María. y echó un a mirada por encima del hombro–. Pero no debemos hacer ruido...

...¿Qué está pasando? – susurré.
–  A veces se pone así. Mi hermanito se ha despertado seis veces durante la noche.
Pero no te preocupes, no pasa nada... si nos quitamos de en medio. – contestó María...

... me despedí de María. Atravesé el jardín y entré en casa corriendo.
Mi madre estaba arreglando la caja de mis juguetes. Aún tenía cuernos.

Corrí hacia ella y le dí un gran abrazo.
– Te quiero mucho –le dije.

Entonces ocurrió una cosa muy extraña: los cuernos desaparecieron y sus uñas y dienets volvieron a ser normales. ¡Y sin café!
– Yo también te quiero mucho –dijo mamá abrazándome.
Sé que mi madre es un poco rara a veces.
Pero la mayor parte del tiempo no es así...

De EDITORIAL JUVENTUD
Para todas las madres raras que pasan por aquí...

27 jul. 2012

COMPOTA DE MANZANAS de Klaas Verplancke








 Mi papá es fuerte y tiene manos tibias que saben a compota de manzana. A veces sus manos se enfrían y aparece un papá tormenta: “¡Haz los deberes!, ¡apaga el televisor!”. A veces se calla y sus manos dibujan rayos en el cielo. Pero un papá tormentoso no dura mucho.
De Ediciones Ekaré.

BLOG DEL AUTOR

Vean también:
THE FIRST KLAAS BOOK

Saludos!

8 jul. 2012

EL GATO VIAJERO de Gianni Rodari



Una vez subió un gato al tren que va de Roma a Bolonia. Gatos en el tren siempre se han visto, generalmente dentro de un cestito, o en una caja con algún agujero para respirar. En el tren se han visto hasta gatos vagabundos, gatos de nadie que han caído en un vagón abandonado a la caza de topos. Pero éste de quien hablamos era un gato viajero y viajaba por su cuenta.
Llevaba una cartera negra bajo el brazo, como un abogado, pero no era un abogado, era un gato. Usaba gafas como un contable miope, pero no era un contable y veía estupendamente. Llevaba el abrigo y el sombrero como un galán, pero no era un galán, era un gato.
Entró en un compartimento de primera clase, echó el ojo a un sitio libre junto a una ventanilla y se sentó. En el compartimento ya había tres personas: una señora que iba a Arezzo a ver a una hermana, un comendador que iba a Bolonia por negocios y un jovencito que iba no se sabe dónde. La entrada del gato suscitó algunos comentarios:
La señora dijo:
—Qué gato tan mono, bsss, bsss, bsss... Viajas solo, como un hombrecito ¿eh?
El comendador dijo:
—Esperemos que no tenga pulgas.
—¿Pero no ve cómo está de limpio?
—Esperemos que... bueno, querida señora, yo soy alérgico a los gatos. Esperemos que no me pegue el catarro.
—Pero si no tiene catarro, ¿ cómo se lo va a pegar?
—A mi me lo pegan todos, apreciada señora, me lo pegan hasta los que no lo tienen.
—Bsss bsss, bsss... Te has adelantado para guardarle el sitio a tu dueña ¿eh?
—¡Miao!
—Qué vocecita tan bonita. ¿Qué habrá dicho?
El jovencito habló por primera vez:
—Ha dicho que no tiene dueños, es un gato libre y soberano.
Graphics
—¡Qué interesante!
—O sea, un gato vagabundo —observó suspicaz el comendador—, esperemos que no me contagie el sarampión.
—¿El sarampión? —exclamó la señora—. Pero si los gatos no tienen sarampión y además es una enfermedad que se pasa de niño.
—Querida señora, yo no lo he pasado de niño. ¿Sabe que es más peligroso si se tiene de mayor?
El tren se puso en marcha y al cabo de un rato pasó el revisor.
—Billetes, señores.
La señora abrió el bolso:
—Uy, el billete, a saber dónde lo habré metido... Espere, espere, tiene que estar aquí... Ah, sí, menos mal.
—Gracias, señora. ¿Y el billete del gato?
—Pero si el gato no es mío.
—¿Es suyo, señor?
—Sólo faltaría eso —estalló el comendador—. No puedo aguantar a los gatos. Me hacen subir la tensión.
El gato tampoco es mío —dijo el joven— Es un gato que viaja por su cuenta.
—Pero tiene que llevar billete.
—No le despierte, que duerme... Es tan gracioso, mire que morrito.
—Morrito o no, tengo que picarle el billete.
—Bss, bss, bss —hacía la señora—, minino, minino..., ea, vamos, mira quién está...
El gato abrió un ojo detrás de otro y maulló:
—Miao miao.
—¡Y encima protesta! —criticó el comendador—. Es como, para volverse loco. Por que no viaja en coche cama, digo yo...
—No ha protestado —explicó aquel joven—. Ha dicho: ruego que me perdone, me había amodorrado...
—Amodorrado ¿eh?
—Sí, parece que le gustan las palabras selectas.
—Miao miao —hizo de nuevo el gato.
—¿Qué ha dicho ahora? —preguntó la señora.
—Ha dicho: por favor, aquí está mi billete —tradujo el joven.
—Oiga, compruébelo bien —dijo el comendador al ferroviario—, hay gente que viaja en primera con billete de segunda.
—El billete es correcto, señor.
—Miao, miao, miao —maulló el gato enérgicamente.
—Dice —explicó el joven— que debería ofenderse ante sus insinuaciones, pero le respeta en atención a sus canas.
—¿Canas? ¡Pero si soy calvo!
—Miao, miao.
—Dice que ya ha visto que es calvo, pero que si tuviera pelo sería blanco.
La señora suspiró:
—Qué bien entiende usted la lengua de los gatos. ¿Cómo se las arregla?
—Es fácil, basta con prestar mucha atención.
—¿Miao? ¿Miao?
—Pero cuánto habla ese gato —gruñó el comendador—. No se calla ni un momento.
—¿Qué ha dicho? ¿Qué ha dicho? —preguntó la señora al joven.
—Ha preguntado si le molesta el humo.
—Qué va, minino, nada de eso... Uy, mire, me ofrece un cigarrillo... ¡Qué bien enciende! ¡Parece de verdad! Quiero decir, parece un auténtico fumador.
—Si fuma es un fumador ¿no? —refunfuñó el comendador—. ¿Qué quería que fuese, un cazador de leones?
—Miao miao. Ha dicho: hermoso día. Ayer no fue tan bonito. Esperemos que mañana sea tan bonito como hoy. ¿Van lejos sus señorías? Yo voy a Venecia por asuntos de familia.

PRIMER FINAL
 
Se descubre que «aquel joven» es un ventrílocuo, prestidigitador e ilusionista: todo lo hahecho él.
 
SEGUNDO FINAL
 
Se descubre que el gato no es un verdadero gato, es un gato-robot: un juguete de lujo quese pondrá a la venta las próximas navidades.
 
TERCER  FINAL
 
Aún no existe. Pero sería bonito que algún día se pudiera hablar realmente con los animales. Si no con todos,  por los menos con los gatos.


EL  FINAL  DEL  AUTOR


También aquí me gusta más el final que aún no existe. Siempre estoy a favor del futuro.


27 jun. 2012

TURELÍ, TURELÓ de Elzbieta







Un pajarito visita a Lilí y a Totó porque necesita hacer su nido; pero ninguno de ellos tiene un jardín así que les dice “Adíos, Lilí, Turelí. Adiós, Totó, tureló”. Mientras los niños siembran un jardín, plantan y riegan un árbol, el pajarito va y viene junto a su canto de Turelí, Tureló. Por fin el árbol crece fuerte y frondoso para que el pájaro construya su nido, reciba a la pajarita y críe a sus polluelos. Un libro para niños pequeños, con ilustraciones minimalistas a dos colores.

Más de Elzbieta 

2 jun. 2012

PICCOLO GRANDE URUGUAY de Alicia Baladan













Conocí el trabajo de Alicia Baladan a través de la página de Topipittori y quedé maravillada. Luego me enteré que era uruguaya y que estaba radicada en Brescia (Italia) desde hacía muchos años.

Piccolo grande Uruguay es un relato autobiográfico, en el que el autora narra los difíciles años de su infancia en Uruguay durante la dictadura militar. Estos son los años que preceden al exilio de su familia desde Uruguay hacia Brasil y, después a Italia, a la edad de once años.

Reseña del libro (en italiano)
Entrevista a Alicia (en italiano)
Blog de Alicia Baladan

Ilustración para Cuentos de la selva de Horacio Quiroga

17 may. 2012

LO QUE SÉ por Maurice Sendak


Yo no escribo para chicos. Yo escribo. Y alguien más dice: “Esto es para chicos”.

Nunca me propuse hacer felices a los niños. O mejorarles la vida, o hacérselas más fácil. No me gustan mucho, así como no me gustan mucho los adultos. Bueno, para ser sincero debería decir que me gustan un poco más los chicos que los adultos, porque los adultos no me gustan para nada.

Firmar ejemplares es horrible, estúpido, no significa nada. Y a mí ni siquiera me sirve para seducir a las madres bonitas de los niños lectores, porque soy gay.

El estado de la literatura infantil actual es abismal. Catastrófico. Una de las razones para que así sea es que hay demasiados libros para chicos.

Somos animales, violentos, criminales. No somos tan diferentes de los simios, esas hermosas criaturas. Y se supone que debemos ser civilizados, ir a trabajar todos los días, ser amables con nuestros amigos, enviar tarjetas de Navidad, todas esas cosas que nos perturban profundamente porque están en contra de lo que haríamos naturalmente.

Elegí un género muy modesto, la literatura infantil, y me escondí en este género para poder expresarme plenamente en él. Lo elegí por timidez y estiré sus límites todo lo posible.

No escribí Donde viven los monstruos por dinero. En los años 1950, los libros para chicos eran el último peldaño del mundo literario. No creo que Madonna hubiese escrito un libro para chicos en los 1950.

Nací en 1928. Y lo que más recuerdo de mi infancia es el secuestro del bebé Lindbergh. Cuando sucedió yo tenía tres años y medio y me acuerdo de todo. Recuerdo la voz de su madre en la radio, pidiéndoles a los secuestradores que usaran Vick para el catarro del bebé. Yo tenía miedo de que me secuestraran y tenía miedo de morir. Era un chico enfermizo y mis padres no eran discretos emocionalmente: siempre creían que iba a morirme y lloraban cuando tenía fiebre. Supe que era mortal desde muy joven. Con el bebé Lindbergh hice un asociación muy rara. Pensé que este bebé no podía morir porque era rubio y rico, vivía en una mansión, su madre era la princesa del universo y su padre un capitán. No podía soportar que ese chico muriera. Mi propia vida dependía de que él fuera rescatado, porque si ese chico se moría, yo no tenía ninguna oportunidad: yo era pobre, feo, hijo de inmigrantes. Y cuando el bebé fue hallado muerto, algo fundamental murió dentro de mí. O, quizás, algo nació: mis historias, estas sombras que están en la vida de los chicos que no son felices ni tienen con quién hablar.

Los chicos tienen que saber que hay cosas malas. También tienen que saber que hay gente a su alrededor que los ama y los va a proteger, pero que no pueden detener las cosas malas.

Los chicos son valientes porque son inocentes. Tienen la enorme inocencia de no saber que el mundo puede ser un lugar tan malvado.

No nos podemos deshacer del mal. No podemos, lo siento internamente. Y hay tanta estupidez en el mundo que no queda coraje. Estoy perdiendo la esperanza. Y no quiero que eso me pase. Vivo cada día. Estoy bastante bien. Trabajo. Duermo. Canto. Camino. Pero estoy perdiendo la esperanza.

Estoy obsesionado con la muerte. Me parece una aventura. Peter Pan lo dijo. Curioso que lo cite, porque no me gusta J. M. Barrie. Detesto cómo ha sentimentalizado a los chicos, cómo los ha hecho bonitos y encantadores. Pero si uno mira el corazón de Peter Pan, es un chico obsesionado con la muerte, con miedo de vivir. Si uno le saca las estupideces de Hook y la musiquita, es una historia muy extraña.

Cuando iba a preescolar y tenía seis años, estaba jugando con mi amigo Lloyd en un callejón entre edificios de departamentos en Brooklyn. Eran los lugares más seguros para jugar. Jugábamos a la pelota. En un momento la tiré muy alto y él trató de alcanzarla pero no pudo y la pelota se fue a la calle. Y él hizo lo que siempre nos decían que no hiciéramos, correr del callejón a la calle: era peligroso porque los autos no podían verte salir de ahí. No me acuerdo del auto, pero me acuerdo de Lloyd volando. Cuando cayó, ya estaba muerto. Murió en el instante en que fue atropellado. Y, desde entonces, noto que en mis historias muchos de los personajes niños vuelan.

No sé cómo controlar mis demonios. Cuando me pongo muy ansioso leo a Mellvile, William Blake y Emily Dickinson. Cuando los leo, siento que la vida tiene un propósito. Lo mismo me sucede cuando escucho a Mozart. Es en lo único en que creo, en lo que tengo fe: en el arte. Mellvile es, para mí, un dios.

Siempre me sorprendió mi éxito y no soy un cínico. Dejar un legado es reconfortante. Pero no entiendo cuando la gente me dice “Cómo podés estar deprimido, Maurice, si tus libros van a vivir para siempre”. Bueno, pero yo no voy a vivir para siempre. A quién le importa la vida de los libros. Lo que me importa es mi vida, desde este momento hasta el de mi muerte. Si voy a poder trabajar y ser independiente.

Ser joven fue horrible. Una pérdida de tiempo. Fui muy infeliz. Cuando la gente me pregunta a qué edad querría volver, les digo sinceramente que a los 68 o 69.

La mayoría de mis libros están relacionados con el Holocausto. No de una manera obvia, pero el tema está siempre ahí. Toda mi vida es el Holocausto. Mis padres vinieron de Europa por casualidad, a buscar trabajo, mucho antes de que existiera el nazismo; conocían, claro, el antisemitismo, pero estaban acostumbrados. Es un milagro que yo haya nacido en Estados Unidos y que sobreviviera.

La niñez es una etapa. En Donde viven los monstruos o El Mago de Oz se habla de eso: de no ser un chico para siempre y de reconocer que la infancia es un momento de la vida. Un libro infantil no debe tratar de convencer a los chicos de que son chicos. Hay cosas que no saben y el punto es compartir lo que uno sí sabe con ellos, como adulto.

La gente me pregunta por qué no hago Donde viven los monstruos. Parte 2. Los mando a la mierda. Qué idea terrible. Yo no soy una puta.

Me criaron para que sintiera culpa. Cuando no quería cenar porque mi madre era una cocinera horrible, ella me gritaba: “¡Piensa en tu primo que no puede comer porque murió en un campo de concentración y antes, además, lo habían casi matado de hambre!”. Yo odiaba a todos esos niños muertos en el Holocausto.

Si hubiera tenido un hogar feliz, no hubiese sido un artista. Mis padres vivieron vidas desesperadas; mi hermano y yo fuimos crueles con ellos. Especialmente con mi madre. Pero no entendíamos. Éramos chicos. No sabíamos que ella estaba loca.

Mi pareja, Eugene, y yo nunca pensamos en adoptar. Yo soy demasiado disfuncional. Siempre supe que le arruinaría la cabeza a una criatura.

Estoy totalmente loco, lo sé. No lo digo para hacerme el interesante: sé que por eso mi trabajo es bueno, porque viene de un lugar de locura. Jamás pequé de falsa modestia.

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