
¿Cómo hablar de la censura, la
desaparición forzada o el exilio sin transmitir una crudeza que abrume?
¿Cómo explicar que el propio Estado, encargado de protegernos, se
convirtió en el perseguidor? El secreto no radica en ocultar la verdad,
sino en encontrar el lenguaje adecuado. En ese escenario, la literatura
infantil y juvenil (LIJ) de corte nacional, regional y universal se
erige como el puente pedagógico ideal: un espacio seguro donde la
metáfora y la ilustración permiten procesar realidades complejas desde
la empatía y la esperanza.



Un clásico rioplatense
indiscutible es El pueblo que no quería ser gris,
escrito por Beatriz Doumerc e ilustrado por Ayax Barnes. Esta obra
aborda el autoritarismo mediante la historia de un rey que ordena pintar
todo de gris. La resistencia nace cuando un ciudadano decide pintar su
casa de rojo, azul y blanco, desatando una pacífica y colorida
desobediencia colectiva. Es una herramienta perfecta para explicar de
forma sencilla qué es el autoritarismo y cómo la unión de las personas
puede vencerlo.

La torre de cubos de Laura Devetach o Un elefante ocupa mucho espacio
de Elsa Bornemann sirven para ilustrar cómo el poder militar temía a la
imaginación y a la organización colectiva. Bornemann, a través de la
huelga de los animales de un circo que deciden volver a sus hábitats
naturales, modela de manera impecable el concepto de los derechos
fundamentales y la protesta pacífica.


El cuento La composición,
del escritor chileno Antonio Skármeta, es quizás uno de los recursos
más potentes y universales para trabajar este tema con niños a partir de
los 8 o 9 años. Ambientado en la dictadura chilena, el relato sigue a
Pedro, un niño cuya rutina escolar se ve alterada por la llegada de un
militar que les encomienda una tarea escrita: "Lo que hacen mis padres por las noches".
Pedro sabe que sus padres escuchan radios clandestinas. Con una
inteligencia y astucia conmovedoras, el niño redacta una composición que
protege la seguridad de su hogar sin traicionar su realidad. Este libro
abre debates maravillosos sobre la censura, el miedo cotidiano y el rol
de protección mutua dentro de las familias.

Para
contextualizar la experiencia uruguaya, donde la dictadura (1973-1985)
caló hondo en el tejido social a través de la prisión masiva y el
exilio, la literatura nacional ofrece relatos cuidados que rescatan la memoria histórica desde los ojos de los propios
niños de aquella época. Saltoncito de Francisco "Paco" Espínola fue escrito originalmente en 1930, este clásico de la literatura uruguaya fue perseguido y sacado de circulación masivamente por la censura militar. A los dictadores les aterrorizaba el viaje del pequeño sapo protagonista, quien en sus aventuras cuestionaba el abuso de la fuerza, la soberbia y las estructuras de poder autoritarias.

En Perico de Juan José Morosoli, los cuentos retratan la infancia en el interior profundo de Uruguay y también sufrió la censura en los programas escolares de los años 70. Sus relatos ponían el foco en la dignidad de los sectores más humildes, la solidaridad comunitaria y la libertad del campo, valores que el régimen consideraba "peligrosos".
En la selva hay mucho por hacer de Mauricio Gatti es un libro histórico de la resistencia uruguaya. Fue escrito e ilustrado por Gatti en 1971 desde la prisión para enviárselo como cartas a su pequeña hija Paula. Utiliza una preciosa fábula de animales de la selva atrapados por cazadores para explicar el encierro político, el valor de la solidaridad colectiva y la esperanza de la liberación.

Los libros infantiles prohibidos durante las dictaduras latinoamericanas funcionan como puentes que convierten el dolor histórico en herramientas de resistencia simbólica, memoria colectiva y formación ciudadana. Al rescatar estos textos, se garantiza que la literatura infantil siga siendo un espacio de libertad y crítica frente a cualquier intento de censura. La literatura infantil y juvenil (LIJ) es, en esencia, un acto de justicia poética que utiliza la metáfora para proteger la memoria colectiva, transformando relatos censurados en herramientas de resistencia frente al olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario