26 sept. 2011

"Fibonacci el soñador de números" de Joseph D'Agnese, ilustrado por John O´Brien


En la Italia medieval, vivía un niño llamado Leonardo Fibonacci, que soñaba de día y de noche con los números. Él era un soñador y la gente no lo comprendía.
Cuando Leonardo creció y viajó por el mundo, descubrió que existían otras maneras de escribir los números y estudió todo lo que pudo sobre ellos.  Fibonacci vio que muchas cosas en la naturaleza, desde el número de pétalos en una flor a la espiral de una concha, parecen seguir un patrón determinado. El niño del que todos se burlaban por pensar obsesivamente en los números había descubierto lo que llegó a ser conocido como la Secuencia de Fibonacci y fue uno de los mayores matemáticos de la Historia


Podéis llamarme Soñador, si queréis. Todo el mundo lo hace.

Un día, cuando yo era solo un niño, el maestro nos planteó un problema de matemáticas y nos dio diez minutos para resolverlo. Yo lo resolví en dos segundos.

Yo soy así con los números.
Me han gustado desde que era muy pequeño.
En casa de mis padres, dondequiera que mirase encontraba cosas para contar.

Al lado de la Catedral, los albañiles
estaban construyendo un nuevo campanario.
¡Pero parecía que algo fallaba
en los cálculos de los constructores!

–Creo que las personas son más felices
cuando saben lo que les gusta de verdad –dijo Alfredo.
Y a ti, Leonardo, ¿qué es lo que te hace más feliz?
–Los números –contesté sin pensar.
–Entonces deberías aprender todo lo que pudieras sobre ellos.
Así siempre serás feliz.

En mi nuevo hogar, observé que los mercaderes árabes no usaban las cifras romanas,
sino que empleaban números que procedían de los hindúes, la gente de la India.
En mi país, escribíamos: XVIII. Aquí los mercaderes lo escribían así: 18.
¿Ves que es mucho más fácil? Deseaba tanto aprender aquellos números extraños...

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